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Un artículo imprescindible

Mientras sigo cocinando la simulación que tengo comprometida con mi amigo Lino, me acabo de encontrar un artículo largo (de los que me gustan a mí) que no tiene desperdicio. Lo reproduzco a continuación:

LA CORRUPCIÓN ARRANCA DE LAS URNAS

El origen de toda la corrupción social española procede de la corrupción política de este postfranquismo que nunca fine, del ejemplo que un grupo de personas, escogidas supuestamente para defender los derechos de la ciudadanía, ofrecen a ésta. Y el mensaje que le envían es bien claro: “¡Hay que trincar todo lo que se pueda en el menor tiempo posible!”. Porque la corrupción, sabedlo, no es únicamente un efecto colateral de la existencia del capital, usado a espuertas por sus fabricantes, la élite financiera, para corromper; sino la consecuencia inexorable del mecanismo electoral español que no sólo permite la corrupción, sino que la fomenta.

La Constitución Española de 1978 pone la primera piedra de la corrupción institucionalizada cuando proclama que los derechos políticos de los españoles sólo pueden ser canalizados a través de los partidos. Es decir: que el ciudadano puede votar a un partido o a otro, pero ahí terminan sus derechos políticos, ¡y que se atenga a las consecuencias después de votar, porque es el garante último de los errores, los dispendios y las corruptelas de la clase política entera!

La segunda piedra angular es la Ley Electoral, ésa que desarrolla el asunto de las urnas, que consagra el sistema proporcional. Significa eso que el representante de cada ciudadano no es una persona concreta —ante la que se pueda protestar o exigir el cumplimiento de promesas electorales, y a la que se pueda llegar a deponer mediante un procedimiento legal y ágil en caso de corrupción—, sino un partido político que obtiene unos cuantos diputados en la provincia concreta en la que vota el ciudadano. Un partido que sólo puede ser censurado, tras cuatro años soportando sus desmanes, no votándolo en las siguientes elecciones. Pero así —dicen los defensores del sistema— ¡no se “pierde el voto” ciudadano! A fin de cuentas, quieren significarnos aunque no lo digan, el pueblo español es inculto y vago, y no quiere decidir sobre cada cosa, sino sólo sobre la etérea ideología general imperante en las decisiones del poder; y que, en definitiva, si la elección es mediante listas cerradas en circunscripción provincial, el representante, en vez de ser una persona, es un partido cuya entera lista cargará solidariamente con las consecuencias de cualquier decepción. Y eso viene a decir que el pueblo piensa supuestamente que todo lo que hagan el socialismo o el conservadurismo está bien, aunque luego el socialista elimine el Impuesto de Patrimonio o el conservador no toque una coma de la Ley del Aborto cuando gobiernan. ¿Alguien se lo cree? Pues sí: todos los miembros de las sectas partidarias. Y nadie más.

La tercera piedra angular es la raíz de la verdadera podredumbre en que se halla sumida la política española. Y no puede imponerse por ley, como las otras dos, porque es manifiestamente ilegal. Sin embargo, la ciudadanía, como consecuencia de la corrupción moral que sufre, tras treinta años de putocracia parlamentaria, la considera algo normal. Se llama “voto útil”, e implica que se vulnera incluso el principio fundamental de permitir la libre elección del partido cuya ideología le parece al ciudadano más oportuna. ¿Y cómo se coarta esa libertad? Pues, en primer lugar, si se trata de un partido pequeño, minoritario, haciéndole ver que corre el riesgo de no llegar a obtener el 3% de los votos necesarios en una circunscripción para obtener representación —ojo: el representado es el partido, no el ciudadano—; y que, en tal caso, “desperdiciaría su voto” —te dicen. Y en segundo, porque los dos partidos mayoritarios (o nacionales) son tan corruptos, actúan de manera tan criminal, que el ciudadano, con tal de evitar que uno cualquiera de ellos (el que más odie) llegue al poder, se sume en la putrefacta mecánica del “voto útil”. Comete fraude democrático de voto útil el ciudadano que no vota al partido cuya ideología le parece más apropiada para legislar de acuerdo con sus intereses o sus principios, sino a otro, para evitar que gobierne un tercero. El fraude del voto útil, que los grandes partidos fomentan, consiste entonces en quebrantar la libertad moral del ciudadano de votar a quien desea mediante la triquiñuela de hacerle incurrir en la responsabilidad de tener que elegir entre sus preferencias para el Legislativo y sus consecuencias en el Ejecutivo. Es tratar de poner al ciudadano en la tesitura de hacer la oportuna carambola a cinco bandas para que los partidos, tras el oportuno consenso (o pacto de gobierno para la legislatura; el consenso no es un valor democrático, sino oligárquico), que es la cuarta piedra angular de la política tendente a la corrupción generalizada, acaben por investir a un Presidente del Gobierno concreto, y no a otro. Los partidos cometen fraude electoral pretendiendo darle la opción de decidir sobre la investidura de un presidente u otro, porque si fuera eso lo que quieren debieran hacerlo dejándole votar directamente en las urnas al Presidente, y no tomarle el pelo mediante un artificio que es como tratar de manejar una marioneta sin tener acceso a los hilos. El voto útil vulnera abiertamente el espíritu y la letra de la Constitución Española de 1978, y quiebra la poca libertad política que ésta otorga a los ciudadanos.

Trataré de ser didáctico, aún a riesgo de ser reiterativo. Supongamos que Juan Español, que sabe ya que no puede tener un representante político concreto, una persona con nombre y apellidos a la que poder exigir el cumplimiento de sus compromisos electorales y a la que poder exigir la dimisión, está dispuesto a asumir gustosamente la Constitución y desea votar a una lista de partido. Y supongamos que viene a parecerle que el Partido Comunista de España es aquél cuyos “principios éticos” le parecen los más adecuados para su forma de ver la cosa pública, y le gustaría votarles. Pero observa perplejo que, en tal caso, la derecha podría llegar a gobernar... Y acordándose de la Guerra de Irak, del “nunca mais” o del accidente del Yak42 —cuestiones que el propio PCE aventó hasta el aburrimiento en su día, quién iba a decirles que acabaría costándoles perder varios diputados como premio—, quiere evitar que el PP llegue al poder. Como tal deseo prevalece sobre el de que los comunistas lleguen al Legislativo, vota al PSOE, porque puede llegar a gobernar. Evidentemente, en cuanto ha cometido el pecado democrático del “voto útil”, ya está arrepentido. Y mucho más cuanto más avanza la legislatura y ve actuar a Zapatero como el muñeco de Botín.

¿Por qué sucede esto? Porque el sistema español es una “democracia parlamentaria," lo que significa que al Presidente del Gobierno lo eligen las Cortes. Si no fuera así, si el Presidente fuera elegido, como propone la Plataforma para la Modificación del Artículo 99, de la Constitución Española, en una segunda vuelta electoral entre los cabezas de las dos listas más votadas al Legislativo, Juan Español sería libre de votar al PCE en las Legislativas (que funcionarían como una primera vuelta en la elección del Presidente) sin la coacción del “voto útil”, porque tendría la segunda vuelta para poder votar a Zapatero frente a Rajoy. Y dejarían de vulnerarse sus derechos de poder elegir, como mínimo, al partido cuya ideología le parece más apropiada para legislar en las circunstancias del momento.

El voto útil es, además de una práctica ilegal intrínsecamente prohibida por la Constitución, una agresión a los partidos minoritarios y un impedimento anti-democrático que los mayoritarios —PP y PSOE— impulsan y provocan para hacerse con el poder. El mecanismo del voto útil despoja a los partidos minoritarios y a los ciudadanos de sus legítimos derechos a representar y ser representados en las Cortes. Esto explica claro como el agua por qué la política de PP y PSOE no es contentar a sus electores cumpliendo el programa electoral que les prometieron, sino conseguir desquiciar a los electores del partido mayoritario contrincante. Cada vez que Zapatero —lo llama tensión y es, en realidad, fomento de la crispación social— pone alguna Bibiana Aído al frente de un ministerio, por ejemplo, las posibilidades de supervivencia de un partido pequeño menguan considerablemente.

Si se estableciera la mínima y humilde separación de poderes que preconiza la Plataforma Artículo 99, lo más probable es que los españoles tuviéramos un Parlamento tremendamente plural, con diputados de una docena de partidos. PP y PSOE serían mayoritarios, sí; pero con un máximo de unos 100-120 diputados cada uno (por eso jamás tolerarán la reforma del Artículo 99 de la Constitución). El resto, 110-150 diputados, pertenecerían a una decena de partidos. En general, el Parlamento sería ideológicamente de centro-izquierda, como el propio Pueblo Español; y con ese tenor serían redactadas las leyes (por eso jamás Botín la tolerará tampoco); mientras que el Gobierno sería la mayor parte de las veces de derechas (son mejores gestores), pero gobernarían con las manos atadas, no pudiendo meterle mano a las leyes, sino sólo a su ejecución. En el sistema que preconiza la Plataforma para la Reforma del Artículo 99 de la Constitución Española, ningún Aznar podría llevarnos a ningún Irak.

Ajenos a la asunción de su inconstitucional comportamiento, los partidos descargan la responsabilidad por el anti-democrático voto útil en los propios electores, ya que —dicen— nadie les pone una pistola en el pecho para que voten a uno u otro partido. Pero eso no es cierto: sí que se les pone cuando, por ejemplo, ETA descerraja con cinco tiros la cabeza a Isaías Carrasco, o se vuelan cinco trenes pocos días antes de una consulta electoral. La prueba de que la putrefacción del voto útil es deseada por los partidos mayoritarios, y su práctica intencionada, es que tienen a mano la solución para que el secuestro de la voluntad popular desaparezca, y es la elección de Legislativo y Ejecutivo en urnas separadas. Y no sólo no la implementan, sino que ni siquiera la han mencionado jamás.

MESS
Fuente: http://servicios.invertia.com/foros/read.asp?idMen=1018830582

Cuidado con esa gente que lee y escribe!

Lo dice un bloggero con clase y yo no puedo más que darle la razón:

1. La gente que lee es peligrosa. Peligrosa porque piensa, razona, intuye, cuestiona, interpreta, deduce, vive despierta. La gente que lee es peligrosa.

2. La gente que escribe es letal. Letal porque manifiesta, expresa, difunde, confunde, aclara, actualiza, impone, compone, repone, dispone, depone. La gente que escribe es letal.

3. La gente que lee y escribe es dueña del mundo. Dueña del mundo porque se convierte en canal, establece códigos, abre más canales, incita, motiva o desmotiva, cuestiona o despeja de dudas un camino para tornarlo de certezas (o de más dudas). La gente que lee y escribe es dueña del mundo.

4. La gente que lee y escribe, pero sobre todo imagina, ésa no tiene límites. Es digna del manicomio, presa de una enfermedad que acomete sólo a tipos a los que llaman noctámbulos. En lo dicho, no tiene límites.

5. Un distintivo certero para identificar a la gente peligrosa, letal y sin límites es verlos con un libro. Dé un paso hacia atrás si el tipo detectado va leyendo tal artefacto de papel. Vuelva diez pasos y mejor corra si lo escribe.

6. Hay que cuidarse más de los farsantes que rodean a los libros y no los beben, aquellos estúpidos que en medio de las librerías se la pasan aventándose nombres de libros para contestar nombres de autores y que así todos supongan que han leído las obras mencionadas.

7. Hay que cuidarse más de los fantoches que pasean en medio de eventos culturales hablando a todos de una novela suya que será el gran éxito nacional y que en realidad jamás cuajará.

8. Hay que cuidarse de quienes dicen amar tanto a los libros y a su escritura que hasta se prostituyen en el colmo del arribismo más absurdo, y al final el libro publicado no resulta bueno, y sólo queda la prostitución, la traición, el ridículo editorial y una mala fama.

9. Hay que cuidarse de quien escribe no sobre una mesa, sino sobre un horno de microondas, bajo la intensa luz de éste.

10. Hay que cuidarse de quienes escriben para la generación más inmediata, para el grito más inmediato, para el más inmediato blog.

CiuDem tenía razón (lamentablemente)

J. Cacho se asoma hoy al Confidencial para lanzar este augurio desde su eminente atalaya:

La crisis del sistema ya estaba ahí, larvada, desde hace tiempo, al menos desde la crisis de los años 92/93. Ocurre que el crecimiento de los últimos 12 años ha ido tapando todas sus miserias a golpe de crédito al consumo. Cuando la marea del dinero fácil se ha retirado, sobre el fango de la playa chapotean los cadáveres de millones de ilusiones perdidas. El sistema salido de la transición está muerto, aunque, como ocurre con el protagonista de cierta famosa película, sus beneficiarios no lo sepan o finjan ignorarlo. Es difícil, por no decir imposible, que la crisis sistémica que estamos padeciendo no tenga consecuencias políticas. Las tendrá. Hasta el propio Monarca se dice preocupado: “Hace tiempo que le vengo diciendo que hay que tener cuidado, que esto viene mal, que la situación del sistema financiero es muy apurada, particularmente las Cajas, que yo hablo con mucha gente, pero este optimista ignorante (sic) me replica que no, que ni hablar, Señor, que exageran, que no es para tanto y que no me preocupe…” (Juan Carlos I, hace escasas semanas, a un visitador nocturno del palacio de La Zarzuela).

Al hablar de consecuencias políticas no me refiero a un simple cambio de Gobierno en el actual sistema de alternancia PSOE-PP, sino a algo más. La Historia, también la nuestra, está llena de ejemplos de pueblos que se acostaron mansos y una mañana se levantaron inesperadamente bravíos. Con razón Madame de Staël escribió que “si el Rey de Francia [Luis XVI] no hubiera tenido en sus finanzas un desorden que le obligaba a solicitar la ayuda de la nación, quizás la Revolución se hubiera retrasado un siglo”. Habrá que ver lo que pasa después del próximo verano, para empezar a calibrar la profundidad del cambio que se avecina.

Como buen brujo, Cacho arropa sus palabras del misterio y la confusión suficientes como para que cada cual las entienda a su gusto, y el mío me dice que el augur ha visto en el horizonte a los bárbaros congregándose en la frontera de Germania.

Así que CiuDem tenía razón desde el principio, cuando decíamos aquello de...
Estamos convencidos de que los españoles, como muchos otros pueblos, padecen males políticos cuyas causas ignoran, pero que nosotros creemos que se deben principalmente a la mala constitución del Estado: no tenemos separación o división real de poderes y los electores no eligen a sus representantes, sino que votan únicamente listas cerradas y bloqueadas de candidatos, en su mayoría desconocidos, y elaboradas a capricho o conveniencia de los dirigentes de los aparatos burocráticos de los partidos políticos, cuyo funcionamiento no es democrático.

Ni siquiera eligen a su Gobierno, que es nombrado por el Parlamento. El sistema queda así, de hecho, en manos de los partidos, quienes se han convertido, con el actual régimen, en verdaderos usurpadores de la soberanía popular.


CiuDem no tenía ningún mérito al anticiparse y tampoco tiene ningún mérito que empecemos a coincidir con lo que dicen periodistas y medios que, al menos, de momento, parecen autónomos. Sí tendría mérito, para mí, que de esta coincidencia surjiera un movimiento favorable a la democratización radical del país, pero mucho me temo que tal cosa no sea posible. Por eso mismo, opino que esta coincidencia es un cenizo.

En un país como el nuestro, con un movimiento cívico tan limitado, se da la circunstancia de que la esfera de la sociedad civil se encuentra asfixiada por la inmensa esfera de la sociedad institucional y, en consencuencia, todos los que se mantienen dentro del pequeño espacio de autonomía que nos queda, antes o después, nos damos cuenta cuenta de lo apretados que estamos. Para algunos, ese "estar apretados" es motivo de alegría, porque la cercanía les conforta y les consuela; para otros, es motivo de angustia, de sofoco y de cabreo. En todo caso, tanto movimiento en tan poco sitio genera un ambiente caldeado y una presión inútil y debilucha, fácilmente absorbida por el tejido magro de la partitocracia. Nuestro día a día es un soñar que podemos vencer a nuestro enemigo, sin darnos cuenta de que, a lo mejor, seguimos aquí sólo porque a nuestro enemigo le interesa.

Somos como los galos irreductibles de Astérix y Obélix, racionando la poción mágica en espera del golpe de gracia de las legiones romanas. Por eso, tanta elocuencia, por más razón que nos dé, es frustrante, porque apunta, de algún modo, a que no seremos los protagonistas de los cambios que están por venir, sino, una vez más, víctimas inocentes, indefensas e impotentes de los demonios del odio y la codicia.

A la luz de las palabras del periodista, los héroes de la Galia somos un apéndice insignificante y el futuro lo escribirán unos señores que no tienen ni nuestros elevados ideales ni nuestro gusto refinado. Al lado de ellos, parecemos una tropa de aristócratas llorones. Pero no hay nada más lejos de lo que somos y de lo que queremos.
(CiuDem) trabaja con el único fin de que la soberanía resida en el pueblo y, por lo tanto, por la instauración de un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, entendiendo por pueblo a todos los ciudadanos sin distinción de clases, ideologías, creencias, lengua, cultura, raza o sexo. Confiamos en que muchos más hombres y mujeres, de todas las edades y condiciones, aparquen temporalmente sus simpatías ideológicas, como estamos haciendo nosotros, y se nos unan para trabajar, pacífica y civilizadamente, por la democracia y la libertad, es decir, en favor del bien público y común. Cuando, gota a gota, constituyamos un río de libertad, impulsaremos y apoyaremos las iniciativas populares que vayan surgiendo como imperativas.

En esta frase se encierra la esencia de CiuDem: gota a gota, sumar un río de libertad. Ojalá quede tiempo para seguir condensando ese río. Ojalá, al menos, fuéramos la charca primigenia que hiciera de recipiente de una nueva forma de vida ciudadana... Con los bárbaros a las puertas del imperio, quién sabe cuánto tiempo nos queda ni qué es lo que vendrá.

Puede que sólo sea una visión, o una pesadilla. Puede que todavía haya una oportunidad para un movimiento como el nuestro; también puede ser que CiuDem nunca hubiera sido el caballero tapado, esperando la señal del destino, sino, llanamente, el viejo visionario que sólo queda para apostillar con un "os lo dije" una triste historia de amor y desengaño.
Sea como sea, un cierto orgullo salvaje me obliga a cerrar este artículo diciendo: Si han de venir, que vengan. Ésta es nuestra tierra.


La cigarra y la hormiga, versión española

Un poco de guasa para amenizar exámenes y demás calamidades.

VERSIÓN ESPAÑOLA DE LA CIGARRA Y LA HORMIGA (versión Mayo de 2009)


La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.

Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.

La cigarra piensa que la hormiga es tonta , y se pasa el verano haciendo turismo, bailando y de juerga.

Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.

Un día, tiritando a la salida de un bar de copas, la cigarra organiza con la Sexta una rueda de prensa en la que se pregunta ¿ por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida cuando quiere, cuando ella, tienen frío y hambre ?.

La Cuatro , las cadenas de TV estatales y la cadena SER, , organizan un programa en vivo , en el que la cigarra sale pasando frío y calamidades , y a la vez muestran extractos del video de la hormiga calentita en su casa y con comida en la mesa .

Los españoles se sorprenden de que en un país tan moderno como el suyo , dejen sufrir a la pobre cigarra , mientras que hay otros viven holgadamente Las asociaciones contra la pobreza se manifiestan delante de la casa de la hormiga. TV1 transmite en directo la protesta

Los periodistas de El País y El Periódico , escriben una serie de artículos , en los que cuestionan cómo la hormiga se ha enriquecido a espaldas de la cigarra , e instan al Gobierno de Zapatero a que en solidaridad , le aumente los impuestos de la hormiga.
María Teresa Fernández de la Vega , muy implicada con los animales, hace una rueda de prensa desde su casa , en el mismo Zoo de la Casa de Campo.
Respondiendo a las encuestas de opinión, el Gobierno de Zapatero elabora una ley sobre la igualdad económica, en la que califica a la hormiga como una rémora del franquismo, y promueve en el Congreso, una ley anti discriminación, con carácter retroactivo contra las hormigas.

Ian Gibson publica su libro : " Las hormigas y el franquismo", que el Gobierno incluye en la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Los impuestos de la hormiga han sido aumentados , y además le llega una multa porque no contrató a la cigarra como ayudante en verano, y eso además se tipifica como que " produjo a la cigarra un maltrato psicológico".

Garzón embarga la casa de la hormiga, ya que ésta no tiene suficiente dinero para pagar la multa y los impuestos.

La hormiga se va de España .

El Tomate hace un reportaje donde sale la cigarra con sobrepeso, porque ya se ha comido casi todo lo que había en la casa de la hormiga , mucho antes de que llegue la época.......

La antigua casa de la hormiga se ha convertido ahora en un albergue social para cigarras , pero la casa se deteriora rápidamente , porque nadie hace nada para mantenerla en buen estado.

Al Gobierno se le reprocha no poner los medios necesarios , por lo que Rubalcaba y Garzón, ponen en marcha una comisión de investigación que costará 10 millones de Euros .

Entretanto la cigarra muere de una sobredosis de Cocaína.

La Cope y Telemadrid comentan el fracaso del Gobierno para intentar corregir el problema de las desigualdades sociales.

La cadena SER, EL PAIS, Iñaki Gabilondo y la tribu catalana del PSOE,(carles francino, angels barcelo y gemma nierga) , dicen que la culpa de todo es de Aznar, Irak, Franco y la Falange .
La antigua casa de la hormiga , ha sido ya ocupada por una banda de arañas marroquíes inmigrantes , y el Gobierno de Zapatero se felicita en la TV , por la " pluralidad cultural de
España, ejemplo del éxito de la Alianza de Civilizaciones ".

Y colorín colorado ,
otra vez nos la han colado.
PD: Creo que es la tercera versión de la fábula que he visto dando vueltas por Internet. Por supuesto, la historia se va haciendo más rocambolesca conforme la Crisis va calcinando más la moral de la gente. Sólo espero que la frustración no nos haga vernos como hormigas en un país de cigarras.

Sean felices.

Orgullo herido de ciudadano

Magnífico comentario de un tal sonweb, en respuesta al último artículo de McCoy en El Confidencial. Reflejo del orgullo herido de muchos ciudadanos y, en mi opinión, anticipo de algunas de las cosas que van a pasar en este país como el paro siga creciendo al ritmo actual.
Ningún sindicato, ningún partido, ningún emporio mediático, podrán evitar que tarde o temprano la gente sufridora, que los ciudadanos machacados salgan a la calle aporreando cacerolas.

Dentro de muy poco, una ola de angustia barrerá todos los decorados, será imparable, logrará tumbar al monigote y a la infame corte que se encaramó al poder tras el 11-M. Entonces, sobre ella, querrán surfear los de siempre, se pondrá a la vanguardia el demagogo insustancial, el rico impostor, el sindicalista manso, el artista subvencionado, el héroe cobarde, el intelectual silente, el funcionario siestero, el nacionalista rompe patrias....

Todos querrán volver a cabalgar al pueblo; a esa masa de millones de afligidos a los que se les están derrumbando la casa y los sueños; a esos ultraexplotados por la publicidad y la propaganda que se han reventado a trabajar para construir la orgullosa riqueza de otros. Querrán volver a encauzar la desesperación de tanto desesperado contándole los mismos cuentos de siempre, volverán a acariciarlos el lomo con sus promesas y pondrán ante sus ojos el regalo de otra mentira.

Yo ya he visto el hambre en mi calle. Ha regresado la caridad de países lejanos para llenar la tripa de mis vecinos y de vergüenza la honra de los que nos desgobiernan. Ahora; para comprar el pan se recogen y cuentan los céntimos que antes tirábamos; ahora se rebusca en las mejores basuras, dentro de poco se rebuscará en todas las basuras.

Toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene su causa. No pretendan evaporar su responsabilidad los responsables porque el ciudadano no perdona ni olvida cuando se ve obligado a cerrar por última vez la puerta de lo que fue su hogar y en su mano siente el peso de la limosna. Los especuladores y envanecidos financieros, los avariciosos y envanecidos empresarios, los poderosos y envanecidos políticos, los pastores envanecidos de los medios, los envanecidos pseudos subvencionados, el dócil sindicalista envanecido; a todos se os pedirán cuentas muy pronto.

Podéis construir disneysland en cualquier sitio pero nosotros no podemos vivir ahí. Habitamos la realidad, esa que cada día parece más triste, más fea, más pobre e insegura gracias a vosotros; gracias sobretodo a ti, Rodríguez Zapatero.
En este momento tan duro, todo mi apoyo y solidaridad a las personas que sufren y que tienen necesidad, y un mensaje de ánimo para todos los que pasan por dificultades y se preocupan por el futuro. Estoy convencido de que, unidos, seremos capaces de superar cualquier dificultad, con el cariño de los sensibles, la visión de los anticipados, el aplomo de los capaces y el tesón de los fuertes. Hoy, más que nunca, vale aquel dicho popular de "dejad que los políticos sigan discutiendo, que ya levantaremos nosotros este país".

Feliz cumpleaños, profesor

Al margen de los reconocimientos oficiosos y del trasiego periodístico, ayer fue un día memorable para Don Jesús Neira. Tampoco quiero entrar en la importancia del hecho, porque se explica por sí mismo. Que este Ciudadano siga con vida para poder contarlo es un regalo suficiente para los que no participamos de su privacidad.


Que lo disfrute usted y que le vengan muchos más, profesor.

La esperanza está en los niños

Este fin de semana he descubierto el siguiente vídeo, que no quiero dejar de recomendar:



El discurso me ha emocionado y enternecido. Veo en sus palabras una fuerte carga de idealismo y de inocencia, pero incluso eso me parece digno de respeto y de reconocimiento. Ojalá pudiera alguna vez volver a pensar así.

Tomo nota de sus palabras. A mi manera, trataré de responder con actos a sus preguntas. Sobre todo, a la siguiente:

¿Por qué nosotros, que lo tenemos todo, somos tan mezquinos?

La imagen lo dice todo


Gaudium et Spes


El siguiente fragmento corresponde a la exposición preliminar de la encíclica "Gaudium et Spes", una de las Constituciones del Concilio Vaticano II, que trata del papel de la Iglesia en el mundo actual. En la exposición, se desbroza el análisis más profundo que he tenido a mi alcance, hasta la fecha, del mundo presente, de sus oportunidades y amenazas.


SITUACIÓN DEL HOMBRE EN EL MUNDO DE HOY


Esperanzas y temores

4. (...)

El género humano se halla en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero. Los provoca el hombre con su inteligencia y su dinamismo creador; pero recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. Tan es así esto, que se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural, que redunda también en la vida religiosa.

Como ocurre en toda crisis de crecimiento, esta transformación trae consigo no leves dificultades. Así mientras el hombre amplía extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio. Quiere conocer con profundidad creciente su intimidad espiritual, y con frecuencia se siente más incierto que nunca de sí mismo. Descubre paulatinamente las leyes de la vida social, y duda sobre la orientación que a ésta se debe dar.

Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir. Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad, y entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicológica. Mientras el mundo siente con tanta viveza su propia unidad y la mutua interdependencia en ineludible solidaridad, se ve, sin embargo, gravísimamente dividido por la presencia de fuerzas contrapuestas. Persisten, en efecto, todavía agudas tensiones políticas, sociales, económicas, raciales e ideológicas, y ni siquiera falta el peligro de una guerra que amenaza con destruirlo todo. Se aumenta la comunicación de las ideas; sin embargo, aun las palabras definidoras de los conceptos más fundamentales revisten sentidos harto diversos en las distintas ideologías. Por último, se busca con insistencia un orden temporal más perfecto, sin que avance paralelamente el mejoramiento de los espíritus.

Afectados por tan compleja situación, muchos de nuestros contemporáneos difícilmente llegan a conocer los valores permanentes y a compaginarlos con exactitud al mismo tiempo con los nuevos descubrimientos. La inquietud los atormenta, y se preguntan, entre angustias y esperanzas, sobre la actual evolución del mundo. El curso de la historia presente en un desafío al hombre que le obliga a responder.

Cambios profundos

5. La turbación actual de los espíritus y la transformación de las condiciones de vida están vinculadas a una revolución global más amplia, que da creciente importancia, en la formación del pensamiento, a las ciencias matemáticas y naturales y a las que tratan del propio hombre; y, en el orden práctico, a la técnica y a las ciencias de ella derivadas. El espíritu científico modifica profundamente el ambiente cultural y las maneras de pensar. La técnica con sus avances está transformando la faz de la tierra e intenta ya la conquista de los espacios interplanetarios.

También sobre el tiempo aumenta su imperio la inteligencia humana, ya en cuanto al pasado, por el conocimiento de la historia; ya en cuanto al futuro, por la técnica prospectiva y la planificación. Los progresos de las ciencias biológicas, psicológicas y sociales permiten al hombre no sólo conocerse mejor, sino aun influir directamente sobre la vida de las sociedades por medio de métodos técnicos. Al mismo tiempo, la humanidad presta cada vez mayor atención a la previsión y ordenación de la expansión demográfica.

La propia historia está sometida a un proceso tal de aceleración, que apenas es posible al hombre seguirla. El género humano corre una misma suerte y no se diversifica ya en varias historias dispersas. La humanidad pasa así de una concepción más bien estática de la realidad a otra más dinámica y evolutiva, de donde surge un nuevo conjunto de problemas que exige nuevos análisis y nuevas síntesis.

Cambios en el orden social

6. Por todo ello, son cada día más profundos los cambios que experimentan las comunidades locales tradicionales, como la familia patriarcal, el clan, la tribu, la aldea, otros diferentes grupos, y las mismas relaciones de la convivencia social.

El tipo de sociedad industrial se extiende paulatinamente, llevando a algunos países a una economía de opulencia y transformando profundamente concepciones y condiciones milenarias de la vida social. La civilización urbana tiende a un predominio análogo por el aumento de las ciudades y de su población y por la tendencia a la urbanización, que se extiende a las zonas rurales.

Nuevos y mejores medios de comunicación social contribuyen al conocimiento de los hechos y a difundir con rapidez y expansión máximas los modos de pensar y de sentir, provocando con ello muchas repercusiones simultáneas.

Y no debe subestimarse el que tantos hombres, obligados a emigrar por varios motivos, cambien su manera de vida.

De esta manera, las relaciones humanas se multiplican sin cesar y el mismo tiempo la propia socialización crea nuevas relaciones, sin que ello promueva siempre, sin embargo, el adecuado proceso de maduración de la persona y las relaciones auténticamente personales (personalización).

Esta evolución se manifiesta sobre todo en las naciones que se benefician ya de los progresos económicos y técnicos; pero también actúa en los pueblos en vías de desarrollo, que aspiran a obtener para sí las ventajas de la industrialización y de la urbanización. Estos últimos, sobre todo los que poseen tradiciones más antiguas, sienten también la tendencia a un ejercicio más perfecto y personal de la libertad.

Cambios psicológicos, morales y religiosos

7. El cambio de mentalidad y de estructuras somete con frecuencia a discusión las ideas recibidas. Esto se nota particularmente entre jóvenes, cuya impaciencia e incluso a veces angustia, les lleva a rebelarse. Conscientes de su propia función en la vida social, desean participar rápidamente en ella. Por lo cual no rara vez los padres y los educadores experimentan dificultades cada día mayores en el cumplimiento de sus tareas.

Las instituciones, las leyes, las maneras de pensar y de sentir, heredadas del pasado, no siempre se adaptan bien al estado actual de cosas. De ahí una grave perturbación en el comportamiento y aun en las mismas normas reguladoras de éste.

Las nuevas condiciones ejercen influjo también sobre la vida religiosa. Por una parte, el espíritu crítico más agudizado la purifica de un concepto mágico del mundo y de residuos supersticiosos y exige cada vez más una adhesión verdaderamente personal y operante a la fe, lo cual hace que muchos alcancen un sentido más vivo de lo divino. Por otra parte, muchedumbres cada vez más numerosas se alejan prácticamente de la religión. La negación de Dios o de la religión no constituye, como en épocas pasadas, un hecho insólito e individual; hoy día, en efecto, se presenta no rara vez como exigencia del progreso científico y de un cierto humanismo nuevo. En muchas regiones esa negación se encuentra expresada no sólo en niveles filosóficos, sino que inspira ampliamente la literatura, el arte, la interpretación de las ciencias humanas y de la historia y la misma legislación civil. Es lo que explica la perturbación de muchos.

Los desequilibrios del mundo moderno

8. Una tan rápida mutación, realizada con frecuencia bajo el signo del desorden, y la misma conciencia agudizada de las antinomias existentes hoy en el mundo, engendran o aumentan contradicciones y desequilibrios.

Surgen muchas veces en el propio hombre el desequilibrio entre la inteligencia práctica moderna y una forma de conocimiento teórico que no llega a dominar y ordenar la suma de sus conocimientos en síntesis satisfactoria. Brota también el desequilibrio entre el afán por la eficacia práctica y las exigencias de la conciencia moral, y no pocas veces entre las condiciones de la vida colectiva y a las exigencias de un pensamiento personal y de la misma contemplación. Surge, finalmente, el desequilibrio entre la especialización profesional y la visión general de las cosas.

Aparecen discrepancias en la familia, debidas ya al peso de las condiciones demográficas, económicas y sociales, ya a los conflictos que surgen entre las generaciones que se van sucediendo, ya a las nuevas relaciones sociales entre los dos sexos.

Nacen también grandes discrepancias raciales y sociales de todo género. Discrepancias entre los países ricos, los menos ricos y los pobres. Discrepancias, por último, entre las instituciones internacionales, nacidas de la aspiración de los pueblos a la paz, y las ambiciones puestas al servicio de la expansión de la propia ideología o los egoísmos colectivos existentes en las naciones y en otras entidades sociales.

Todo ello alimenta la mutua desconfianza y la hostilidad, los conflictos y las desgracias, de los que el hombre es, a la vez, causa y víctima.

Aspiraciones más universales de la humanidad

9. Entre tanto, se afianza la convicción de que el género humano puede y debe no sólo perfeccionar su dominio sobre las cosas creadas, sino que le corresponde además establecer un orden político, económico y social que esté más al servicio del hombre y permita a cada uno y a cada grupo afirmar y cultivar su propia dignidad.

De aquí las instantes reivindicaciones económicas de muchísimos, que tienen viva conciencia de que la carencia de bienes que sufren se debe a la injusticia o a una no equitativa distribución. Las naciones en vía de desarrollo, como son las independizadas recientemente, desean participar en los bienes de la civilización moderna, no sólo en el plano político, sino también en el orden económico, y desempeñar libremente su función en el mundo. Sin embargo, está aumentando a diario la distancia que las separa de las naciones más ricas y la dependencia incluso económica que respecto de éstas padecen. Los pueblos hambrientos interpelan a los pueblos opulentos.

La mujer, allí donde todavía no lo ha logrado, reclama la igualdad de derecho y de hecho con el hombre. Los trabajadores y los agricultores no sólo quieren ganarse lo necesario para la vida, sino que quieren también desarrollar por medio del trabajo sus dotes personales y participar activamente en la ordenación de la vida económica, social, política y cultural. Por primera vez en la historia, todos los pueblos están convencidos de que los beneficios de la cultura pueden y deben extenderse realmente a todas las naciones.

Pero bajo todas estas reivindicaciones se oculta una aspiración más profunda y más universal: las personas y los grupos sociales están sedientos de una vida plena y de una vida libre, digna del hombre, poniendo a su servicio las inmensas posibilidades que les ofrece el mundo actual. Las naciones, por otra parte, se esfuerzan cada vez más por formar una comunidad universal.

De esta forma, el mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y de lo peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado, y que pueden aplastarle o servirle. Por ello se interroga a sí mismo.

Los interrogantes más profundos del hombre

10. En realidad de verdad, los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano. Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de criatura, el hombre experimenta múltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atraído por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar. Más aún, como enfermo y pecador, no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querría llevar a cabo. Por ello siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad. Son muchísimos los que, tarados en su vida por el materialismo práctico, no quieren saber nada de la clara percepción de este dramático estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberación de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro del hombre sobre la tierra saciará plenamente todos sus deseos. Y no faltan, por otra parte, quienes, desesperando de poder dar a la vida un sentido exacto, alaban la insolencia de quienes piensan que la existencia carece de toda significación propia y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo. Sin embargo, ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetración las cuestiones más fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?.


Fuente: Archivos Vaticanos.
Fotografía: Número 1084 de la revista XL Semanal. "La China oculta", de Álvaro Ybarra Zavala.

Españolito que vienes al mundo


Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
Antonio Machado


Con el corazón helado, un abrazo muy fuerte a todos aquellos a los que hoy les duele ser españoles y, especialmente, a las víctimas del terrorismo.

Todos los ciudadanos deberíamos responder a esta pregunta

La música es para ambientar el artículo. El artículo,de José Luis González Quirós, apareció en El Confidencial el 9 de Julio.



¿Hay energía moral en la sociedad española para oponerse a las simplezas de ZP?

Los dirigentes de los partidos, encelados en su empeño por acrecentar la clientela, pueden llegar a confundir los límites de su organización con el sistema mismo. Muchos querrían que su partido no fuese una parte sino el todo. Los partidos nacionalistas incluyen esa aspiración en su ideario, porque ni siquiera pueden concebir que un buen patriota no les vote, pero el mal es más general.

Zapatero se ha descolgado el domingo con un discurso de clausura de su Congreso que, además de destilar una autocomplacencia sin límites, incurre plenamente en el error de principio de identificar a su partido con la democracia. Su razonamiento no es muy sutil, pero tiene la fuerza que siempre acompaña a lo que se repite entre aplausos que no cesan. “Compañeras, y compañeros”, dice a sus arrobados camaradas, “representáis al Partido que más se parece a la (sic) España y al Partido que más se parece a la España que confía en sí misma”.

Esta premisa, proclamada inmediatamente después de los saludos de rigor, invita a una serie de interesantes consideraciones. La primera es que la autocomplacencia deja de ser una característica psicológica moralmente discutible para convertirse en un deber moral: se da el salto del parecido de hecho al parecido como obligación, porque la representación no es una delegación sometida a reglas, como se defiende en la democracia burguesa, sino una identidad absoluta entre el pueblo y sus representantes, entre los representantes y su líder. Y si esa identidad existe, es obvio que quienes se salen de ella son enemigos de la democracia: la vieja derecha que vuelve una y otra vez por sus fueros de conservadurismo y opresión.

Una segunda consecuencia de esa manera de pensar es que la crisis -debida a causas exteriores, pero que Zapatero, abierto, flexible y realista, ni nombra ni niega-, debe afrontarse con optimismo y esperanza, confiando en el gran timonel y en sus tecnócratas. Cuando se parte de la identidad entre España y el partido de ZP, no queda lugar alguno ni para el pesimismo ni para la crítica, lo que legitima el diagnóstico de Zapatero sobre los antipatriotas que “se regodean” con las dificultades porque “confían en que las cosas se tuerzan para llegar al poder”, gentes, en fin, que quedan retratadas como se merecen en otro párrafo del alegato congresual: “se apuntan con fruición a la crisis porque aspiran a que las drásticas recetas para salir de ella reacomoden ventajosamente sus intereses”.

Ante un panorama así, ¿en que ha de consistir la política? El PSOE se presenta como la fuerza del cambio (lema del Congreso) y ZP explica que la invocación ase Cambio, con mayúsculas, cuando se está en el Gobierno, apunta a algo que “está mucho más allá de una alternancia en el Gobierno”, que, por eso mismo, es un mero instrumento de una fuerza que “viene de lejos y que va aún más lejos”. Una fuerza que se propone transformar el presente desde el Gobierno e imaginar el futuro desde las ideas.

Este discurso es coherente precisamente porque está vacío, y puede estar vacío porque vive de la convicción de que no tiene rival. Zapatero desprecia infinitamente sus alternativas y se ve retratado como la más bella en el espejo de las carencias ajenas. No ignora que hay zonas de la realidad española que no se le someten, pero cuenta con tiempo y paciencia para iniciar un cerco paciente en el que no serán aliados pequeños las torpezas y vilezas de algunos de sus supuestos adversarios.

El leonés advierte que el PSOE tiene ideas, pero que esas ideas son, sobre todo, acción, y no hace falta ser muy avispado para adivinar que se dispone a derribar metódicamente toda clase de símbolos que recuerden, aunque sea vagamente, una realidad distinta a la que él propone, todo discurso que difiera del que, según nos dice, la gente desea oír. El PSOE se presenta como un partido que da “tranquilidad a la ciudadanía”, que le da las cosas pensadas, que le ofrece las conquistas por contrato.

¿Habrá energía intelectual y moral en la sociedad española como para ofrecer una alternativa a tanta simpleza? Zapatero cree que no, y se precia de conocer muy bien a una derecha que se avergüenza de su nombre. En su discurso, ha trazado magistralmente el campo de batalla en el que espera aniquilar lo que queda del pasado, esa derecha triste y antipática que es la responsable de todos los males que afligen a los españoles, males que él ha disipado con un par de eslóganes, cuatro fintas y algún gesto torero. ¿Será verdad que hay gente capaz de no resignarse y de plantear una batalla frontal e inteligente a esta izquierda encantada de haberse conocido? No creo que ni la Bolsa ni la inflación tengan la respuesta. Hacen falta políticos y no figurantes a sueldo del sistema en el que felizmente impera ZP.

El discurso fúnebre de Pericles



I

La mayor parte de quienes en el pasado han hecho uso de la palabra en esta tribuna, han tenido por costumbre elogiar a aquel que introdujo este discurso en el rito tradicional, pues pensaban que su proferimiento con ocasión del entierro de los caídos en combate era algo hermoso. A mí, en cambio, me habría parecido suficiente que quienes con obras probaron su valor, también con obras recibieran su homenaje –como este que véis dispuesto para ellos en sus exequias por el Estado–, y no aventurar en un solo individuo, que tanto puede ser un buen orador como no serlo, la fe en los méritos de muchos.

Es difícil, en efecto, hablar adecuadamente sobre un asunto respecto del cual no es segura la apreciación de la verdad, ya que quien escucha, si está bien informado acerca del homenajeado y favorablemente dispuesto hacia él, es muy posible que encuentre que lo que se dice está por debajo de lo que él desea y de lo que él conoce; y si, por el contrario, está mal informado, lo más probable es que, por envidia, cuando oiga hablar de algo que esté por encima de sus propias posibilidades, piense que se está cayendo en una exageración. Porque los elogios que se formulan a los demás se toleran sólo en tanto quien los oye se considera a sí mismo capaz también, en alguna medida, de realizar los actos elogiados; cuando, en cambio, los que escuchan comienzan a sentir envidia de las excelencias de que está siendo alabado, al punto prende en ellos también la incredulidad Pero, puesto que a los antiguos les pareció que sí estaba bien, debo ahora yo, siguiendo la costumbre establecida, intentar ganarme la voluntad y la aprobación de cada uno de vosotros tanto como me sea posible.


II

Comenzaré, ante todo, por nuestros antepasados, pues es justo y, al mismo tiempo, apropiado a una ocasión como la presente, que se les rinda este homenaje de recordación. Habitando siempre ellos mismos esta tierra a través de sucesivas generaciones, es mérito suyo el habérnosla legado libre hasta nuestros días. Y si ellos son dignos de alabanza, más aún lo son nuestros padres, quienes, además de lo que recibieron como herencia, ganaron para sí, no sin fatigas, todo el imperio que tenemos, y nos lo entregaron a los hombres de hoy.

En cuanto a lo que a ese imperio le faltaba, hemos sido nosotros mismos, los que estamos aquí presentes, en particular los que nos encontramos aún en la plenitud de la edad, quienes lo hemos incrementado, al paso que también le hemos dado completa autarquía a la ciudad, tanto para la guerra como para la paz. Pasaré por alto las hazañas bélicas de nuestros antepasados, gracias a las cuales las diversas partes de nuestro imperio fueron conquistadas, como asimismo las ocasiones en que nosotros mismos o nuestros padres repelimos ardorosamente las incursiones hostiles de extranjeros o de griegos, ya que no quiero extenderme tediosamente entre conocedores de tales asuntos. Antes, empero, de abocarme al elogio de estos muertos, quiero señalar en virtud en qué normas hemos llegado a la situación actual, y con qué sistema político y gracias a qué costumbres hemos alcanzado nuestra grandeza. No considero inadecuado referirme a asuntos tales en una ocasión como la actual, y creo que será provechoso que toda esta multitud de ciudadanos y extranjeros lo pueda escuchar.

III

Disfrutamos de un régimen político que no imita las leyes de los vecinos; más que imitadores de otros, en efecto, nosotros mismos servimos de modelo para algunos. En cuanto al nombre, puesto que la administración se ejerce en favor de la mayoría, y no de unos pocos, a este régimen se lo ha llamado democracia; respecto a las leyes, todos gozan de iguales derechos en la defensa de sus intereses particulares; en lo relativo a los honores, cualquiera que se distinga en algún aspecto puede acceder a los cargos públicos, pues se lo elige más por sus méritos que por su categoría social; y tampoco al que es pobre, por su parte, su oscura posición le impide prestar sus servicios a la patria, si es que tiene la posibilidad de hacerlo.

Tenemos por norma respetar la libertad, tanto en los asuntos públicos como en las rivalidades diarias de unos con otros, sin enojarnos con nuestro vecino cuando él actúa espontáneamente, ni exteriorizar nuestra molestia, pues ésta, aunque innocua, es ingrata de presenciar. Si bien en los asuntos privados somos indulgentes, en los públicos, en cambio, ante todo por un respetuoso temor, jamás obramos ilegalmente, sino que obedecemos a quienes les toca el turno de mandar, y acatamos las leyes, en particular las dictadas en favor de los que son víctimas de una injusticia, y las que, aunque no estén escritas, todos consideran vergonzoso infringir.

IV

Por otra parte, como descanso de nuestros trabajos, le hemos procurado a nuestro espíritu una serie de recreaciones. No sólo tenemos, en efecto, certámenes públicos y celebraciones religiosas repartidos a lo largo de todo el año, sino que también gozamos individualmente de un digno y satisfactorio bienestar material, cuyo continuo disfrute ahuyenta a la melancolía. Y gracias al elevado número de sus habitantes, nuestra ciudad importa desde todo el mundo toda clase de bienes, de manera que los que ella produce para nuestro provecho no son, en rigor, más nuestros que los foráneos.

V

A nuestros enemigos les llevamos ventaja también en cuanto al adiestramiento en las artes de la guerra, ya que mantenemos siempre abiertas las puertas de nuestra ciudad y jamás recurrimos a la expulsión de los extranjeros para impedir que se conozca o se presencie algo que, por no hallarse oculto, bien podría a un enemigo resultarle de provecho observarlo. Y es que, más que en los armamentos y estratagemas, confiamos en la fortaleza de alma con que naturalmente acometemos nuestras empresas. Y en cuanto a la educación, mientras ellos procuran adquirir coraje realizando desde muy jóvenes una ardua ejercitación, nosotros, aunque vivimos más regaladamente, podemos afrontar peligros no menores que ellos.

Prueba de esto es que los espartanos no realizan sin la compañía de otros sus expediciones militares contra nuestro territorio, sino junto a todos sus aliados; nosotros, en cambio, aun invadiendo solos tierra enemiga y combatiendo en suelo extraño contra quienes defienden lo suyo, la mayor parte de las veces nos llevamos la victoria sin dificultad. Además, ninguno de nuestros enemigos se ha topado jamás en el campo de batalla con todas nuestras fuerzas reunidas, pues simultáneamente debemos atender la mantención de nuestra flota y, en tierra, el envío de nuestra gente a diversos lugares. Sin embargo, cada vez que en algún lugar ellos se trenzan en lucha con una facción de los nuestros y resultan vencedores, se ufanan de habernos rechazado a todos, aunque sólo han vencido a algunos; y si salen derrotados, alegan que lo fueron ante todos nosotros juntos. Pero lo cierto es que, ya que preferimos afrontar los peligros de la guerra con serenidad antes que habiéndonos preparado con arduos ejercicios, ayudados más por
la valentía de los caracteres que por la prescrita en ordenanzas, les llevamos la ventaja de que no nos angustiamos de antemano por las penurias futuras, y, cuando nos toca enfrentarlas, no demostramos menos valor que ellos viven en permanente fatiga.

Pero no sólo por éstas, sino también por otras cualidades nuestra ciudad merece ser admirada.

VI

En efecto, amamos el arte y la belleza sin desmedirnos, y cultivamos el saber sin ablandarnos. La riqueza representa para nosotros la oportunidad de realizar algo, y no un motivo para hablar con soberbia; y en cuanto a la pobreza, para nadie constituye una vergüenza el reconocerla, sino el no esforzarse por evitarla. Los individuos pueden ellos mismos ocuparse simultáneamente de sus asuntos privados y de los públicos; no por el hecho de que cada uno esté entregado a lo suyo, su conocimiento de las materias políticas es insuficiente. Somos los únicos que tenemos más por inútil que por tranquila a la persona que no participa en las tareas de la comunidad. Somos nosotros mismos los que deliberamos y decidimos conforme a derecho sobre la cosa pública, pues no creemos que lo que perjudica a la acción sea el debate, sino precisamente el no dejarse instruir por la discusión antes de llevar a cabo lo que hay que hacer. Y esto porque también nos diferenciamos de los demás en que podemos ser muy osados y, al mismo tiempo, examinar cuidadosamente las acciones que estamos por emprender; en este aspecto, en cambio, para los otros la audacia es producto de su ignorancia, y la reflexión los vuelve temerosos. Con justicia pueden ser reputados como los de mayor fortaleza espiritual aquellos que, conociendo tanto los padecimientos como los placeres, no por ello retroceden ante los peligros.

También por nuestra liberalidad somos muy distintos de la mayoría de los hombres, ya que no es recibiendo beneficios, sino prestándolos, que nos granjeamos amigos. El que hace un beneficio establece lazos de amistad más sólidos, puesto que con sus servicios al beneficiado alimenta la deuda de gratitud de éste. El que debe favores, en cambio, es más desafecto, pues sabe que al retribuir la generosidad de que ha sido objeto, no se hará merecedor de la gratitud, sino que tan sólo estará pagando una deuda. Somos los únicos que, movidos, no por un cálculo de conveniencia sino por nuestra fe en la liberalidad, no vacilamos en prestar nuestra ayuda a cualquiera.

VII

Para abreviar, diré que nuestra ciudad, tomada en su conjunto, es norma para toda Grecia, y que, individualmente, un mismo hombre de los nuestros se basta para enfrentar las más diversas situaciones, y lo hace con gracia y con la mayor destreza. Y que estas palabras no son un ocasional alarde retórico, sino la verdad de los hechos, lo demuestra el poderío mismo que nuestra ciudad ha alcanzado gracias a estas cualidades. Ella, en efecto, es la única de las actuales que, puesta a prueba, supera su propia reputación; es la única cuya victoria, el agresor vencido, dada la superioridad de los causantes de su desgracia, acepta con resignación; es la única, en fin, que no les da motivo a sus súbditos para alegar que están inmerecidamente bajo su yugo.

Nuestro poderío, pues, es manifiesto para todos, y está ciertamente más que probado. No sólo somos motivo de admiración para nuestros contemporáneos, sino que lo seremos también para los que han de venir después. No necesitamos ni a un Homero que haga nuestro panegírico, ni a ningún otro que venga a darnos momentáneamente en el gusto con sus versos, y cuyas ficciones resulten luego desbaratadas por la verdad de los hechos. Por todos los mares y por todas las tierras se ha abierto camino nuestro coraje, dejando aquí y allá, para bien o para mal, imperecederos recuerdos.

Combatiendo por tal ciudad y resistiéndose a perderla es que estos hombres entregamos notablemente sus vidas; justo es, por tanto, que cada uno de quienes les hemos sobrevivido anhele también bregar por ella.


VIII

La razón por la que me he referido con tanto detalle a asuntos concernientes a la ciudad, no ha sido otra que para haceros ver que no estamos luchando por algo equivalente a aquello por lo que luchan quienes en modo alguno gozan de bienes semejantes a los nuestros y, asimismo, para darle un claro fundamento al elogio de los muertos en cuyo honor hablo en esta ocasión. La mayor parte de este elogio ya está hecha, pues las excelencias por las que he celebrado a nuestra ciudad no son sino fruto del valor de estos hombres y de otros que se les asemejan en virtud. No de muchos griegos podría afirmarse, como sí en el caso de éstos, que su fama está en conformidad con sus obras. Su muerte, en mi opinión, ya fuera ella el primer testimonio de su valentía, ya su confirmación postrera, demuestra un coraje genuinamente varonil. Aun aquellos que puedan haber obrado mal en su vida pasada, es justo que sean recordados ante todo por el valor que mostraron combatiendo por su patria, pues al anular lo malo con lo bueno resultaron más beneficiosos por su servicio público que perjudiciales por su conducta privada.

A ninguno de estos hombres lo ablandó el deseo de seguir gozando de su riqueza; a ninguno lo hizo aplazar el peligro la posibilidad de huir de su pobreza y enriquecerse algún día. Tuvieron por más deseable vengarse de sus enemigos, al tiempo que les pareció que ese era el más hermoso de los riesgos. Optaron por correrlo, y, sin renunciar a sus deseos y expectativas más personales, las condicionaron, sí, al éxito de su venganza. Encomendaron a la esperanza lo incierto de su victoria final, y, en cuanto al desafío inmediato que tenían por delante, se confiaron a sus propias fuerzas. En ese trance, también más resueltos a resistir y padecer que a salvarse huyendo, evitaron la deshonra e hicieron frente a la situación con sus personas. Al morir, en ese brevísimo instante arbitrado por la fortuna, se hallaban más en la cumbre de la determinación que del temor.

IX

Estos hombres, al actuar como actuaron, estuvieron a la altura de su ciudad. Deber de quienes les han sobrevivido, pues, es hacer preces por una mejor suerte en los designios bélicos, y llevarlos a cabo con no menor resolución. No sólo oyendo las palabras que alguien pueda deciros debéis reflexionar sobre el servicio que prestáis –servicio que cualquiera podría detenerse a considerarse ante vosotros, que muy bien lo conocéis por propia experiencia, señalándoos cuántos bienes están comprometidos en el acto de defenderse de los enemigos–; antes bien, debéis pensar en él contemplando en los hechos, cada día, el poderío de nuestra ciudad, y prendándoos de ella. Entonces, cuando la ciudad se os manifieste en todo su esplendor, parad mientes en que éste es el logro de hombres bizarros, conscientes de su deber y pundonorosos en su obrar; de hombres que, si alguna vez fracasaron al intentar algo, jamás pensaron en privar a la ciudad del coraje que los animaba, sino que se lo ofrendaron como el más hermoso de sus tributos. Al entregar cada uno de ellos la vida por su comunidad, se hicieron merecedores de un elogio imperecedero y de la sepultura más ilustre. Esta, más que el lugar en que yacen sus cuerpos, es donde su fama reposa, para ser una y otra vez recordada, de palabra y de obra, en cada ocasión que se presente.

La tumba de los grandes hombres es la tierra entera: de ellos nos habla no sólo una inscripción sobre sus lápidas sepulcrales; también en suelo extranjero pervive su recuerdo, grabado no en un monumento, sino, sin palabras, en el espíritu de cada hombre. Imitad a éstos ahora vosotros, cifrando la felicidad en la libertad, y la libertad en la valentía, sin inquietaros por los peligros de la guerra. Quienes con más razón pueden ofrendar su vida no son aquellos infortunados que ya nada bueno esperan, sino, por el contrario, quienes corren el riesgo de sufrir un revés de fortuna en lo que les queda por vivir, y para los que, en caso de experimentar una derrota, el cambio sería particularmente grande. Para un hombre que se precia a sí mismo, en efecto, padecer cobardemente la dominación es más penoso que, casi sin darse cuenta, morir animosamente y compartiendo una esperanza.

X

Por tal razón es que a vosotros, padres de estos muertos, que estáis aquí presentes, más que compadeceros, intentaré consolaros. Puesto que habéis ya pasado por las variadas vecisitudes de la vida, debéis de saber que la buena fortuna consiste en estar destinado al más alto grado de nobleza –ya sea en la muerte, como éstos; ya en el dolor, como vosotros–, y en que el fin de la felicidad que nos ha sido asignada coincida con el fin de nuestra vida. Sé que es difícil que aceptéis esto tratándose de vuestros hijos, de quienes muchas veces os acordaréis al ver a otros gozando de la felicidad de que vosotros mismos una vez gozásteis. El hombre no experimenta tristeza cuando se lo priva de bienes que aún no ha probado, sino cuando se le arrebata uno al que ya se había acostumbrado. Pero es preciso que sepáis sobrellevar vuestra situación, incluso con la esperanza de tener otros hijos, si es que estáis aún en edad de procrearlos. En lo personal, los hijos que nazcan representarán para algunos la posibilidad de apartar el recuerdo de los que perdieron; para la ciudad, entretanto, su nacimiento será doblemente provechoso, pues no sólo impedirá que ella se despueble, sino que la hará más segura, ya que nadie puede participar en igualdad de condiciones y equitativamente en las deliberaciones políticas de la comunidad, a menos que, tal como los demás, también él exponga su prole a las consecuencias de sus resoluciones.

Y aquellos de vosotros que habéis llegado ya a la ancianidad, tened por ganancia el haber vivido felizmente la mayor parte de vuestra vida, considerad que la que os queda ha de ser breve, y consolaos con la fama alcanzada por éstos vuestros hijos. Lo único que no envejece, en efecto, es el amor a la gloria; y cuando la edad ya declina, no es atesorar bienes lo que más deleita, como algunos dicen, sino recibir honores.

XI

Y en cuanto a vosotros, hijos o hermanos, aquí presentes, de estas víctimas de la guerra, veo grande el desafío que tenéis por delante, porque solamente aquel que ya no existe suele concertar el elogio de todos; a duras penas podréis conseguir, por sobresalientes que sean vuestros méritos, ser considerados no ya sus iguales, sino incluso sus cercanos émulos. La envidia de los rivales la sufren quienes están vivos; el que, en cambio, ya no representa un obstáculo para nadie, es honrado con generosa benignidad.

Y si, para aquellas esposas que ahora quedan viudas, debo también decir algo acerca de las virtudes propias de la mujer, lo resumiré todo en un breve consejo: grande será vuestra gloria si no desmerecéis vuestra condición natural de mujeres y si conseguís que vuestro nombre ande lo menos posible en boca de los hombres, ni para bien ni para mal.

XII

En conformidad con nuestras leyes y costumbres, pues, queda dicho en mi discurso lo que me parecía pertinente. Ahora, en cuanto a los hechos, los hombres a quienes estamos sepultando han recibido ya nuestro homenaje. De la educación de sus hijos, desde este momento hasta su juventud, se hará cargo la ciudad. Tal es la provechosa corona que ella impone a estas víctimas, y a los que ellas dejan, como premio de tan valerosas hazañas. Cuando los más preciados galardones que una ciudad otorga son los que recompensan la valentía, entonces también posee ella los ciudadanos más valientes.

Y ahora, después de haber llorado cada uno a sus deudos, podéis marcharos.

2º encuentro en la calle

El “2º Encuentro de la Calle” vuelve
para reivindicar el ocio sin barreras

Organizado por personas sin hogar y voluntarios de siete entidades diferentes, el encuentro reclama actividades de ocio más accesible para todos y todas.

¿QUÉ ES?: Con el lema 'Por un ocio al alcance de tod@s', este encuentro que aglutina a personas sin hogar, voluntarios y vecinos que disfrutan de una jornada repleta de actividades gratuitas como juegos de mesa, obras de teatro, conciertos y exposiciones, entre otras.

¿POR QUÉ?: Las personas sin hogar constituyen uno de los colectivos que más barreras encuentra para acceder al ocio, y no sólo por razones económicas, sino por la exclusión social. Conciertos de música, exposiciones, museos, obras de teatro, ver una película de cine... El ocio está cargado de ofertas atractivas entre las que podemos elegir. Estamos tan acostumbrados y tenemos tan cerca el ocio que no solemos recordar que existen muchas personas privadas de disfrutar de este derecho.

¿CUÁNDO Y DÓNDE?: El Encuentro tendrá lugar el sábado 17 de mayo en la Alameda de Hércules, de 12 a 18h. Gratuito.

¿QUIÉN LO ORGANIZA?: Asociación Antaris, Asociación Cristo Vive, Asociación Voces contra la Exclusión, Fundación Nueva Tierra, Asociación Familia Vicenciana (Proyecto Miguel de Mañara), Ong Solidarios para el Desarrollo, Sociedad San Vicente de Paul.

MÁS INFORMACIÓN:

- ANTARIS: 954 90 64 41

- CRISTO VIVE: 954 38 83 03

- FUNDACIÓN NUEVA TIERRA: 954 26 80 97

- MIGUEL DE MAÑARA: 954 90 89 25

- SOCIEDAD SAN VICENTE DE PAUL: 955 98 19 46

- SOLIDARIOS PARA EL DESARROLLO: 954 48 60 23

- VOCES CONTRA LA EXCLUSIÓN: 954 48 60 23

¡PÁSALO!

Ya en 1808

¡Ah! Antes que Bonaparte enviase sus legiones a la España éramos esclavos de Godoy; y si repasamos los reinados anteriores, veremos que el honor, la vida y los bienes de nuestros padres, pendiente todo de la voluntad y del capricho de una reina, de un privado, de un ministro y de todos los que tenían algún favor: los veremos conseguir empleos, distintivos y todo, no por ser hombres de costumbres y de luces, sino por haber sobresalido en el arte de complacer y de adular (...).

Para que la España logre ser feliz y nuestros hijos nos bendigan, es preciso arreglar el gobierno de tal suerte, que de hoy en más cada español penda de la ley y no del magistrado ni de otro alguno (...).

El reino de Castilla y el de Aragón tuvieron lo que llamamos Cortes y en verdad que los reyes y sus ministros pendían de ellas. Las Cortes establecían las leyes y cuidaban de su observancia, y sin su consentimiento ni se echaban contribuciones, ni se levantaban regimientos a expensas de la nación (...).

No solamente tiene la España el derecho, sino obligación la más sagrada de restablecer y reformar las Cortes. Derecho: porque cualquier nación es una junta de hombres libres, que no pueden serlo por sí solos, o en el estado que llaman de naturaleza, se reunen en sociedad para que, obedeciendo todos las leyes, ni la miseria de los unos, ni la abundancia de los otros, ni las pasiones cualesquiera, turben la seguridad de cada uno. Obligación: porque la tiene todo hombre de atender a la conservación justa de su vida, de su hacienda y de su honor, y si los españoles penden únicamente de la voluntad del monarca y de sus ministros, ¿qué ciudadano podrá estar tranquilo ni seguro? (...)

Volvamos los ojos al reinado de Godoy y veremos con dolor que su tiranía disminuyó la castidad y aun el pudor de nuestras matronas, hizo desmayar al militar y al literato en su carrera, pobló a los tribunales y otros cuerpos sin más mérito que el de haberse casado con sus sirvientas y favoritas; arrinconó, encarceló y desterró al hombre justo que tuvo la firmeza necesaria para resistirle; empobreció con enormes impuestos y contribuciones a las más de las familias, y puso al labrador y al artesano en la necesidad de pedir limosna o de robar para sustentar a sus tiernos hijos. En fin, Godoy y los otros tiranos que le han precedido en España, además de hacer infelices a los que han vivido en su tiempo, han cometido y han hecho cometer más crímenes que cuantos facinerosos y asesinos particulares ha tenido esta nación (...). La España no solamente tiene derecho, sino obligación a establecer un gobierno sólido que la libre de Godoy y otros tiranos y que cualquier español la tiene igualmente de derramar su sangre por conseguirlo.

Pero la mudanza de gobierno y su reforma, dirán, lastimaría los derechos de algunos particulares. Derechos contrarios al bienestar de las naciones, ni son ni deben ser conservados. ¿Y no somos todos españoles y cristianos? ¿Pues por qué hemos de creer que cien particulares no tengan la generosidad de perder parte de sus comodidades, y de privilegios mal adquiridos en bien de toda la nación? Fuera de que, el Grande, el eclesiástico y todos los demás, ¿tendríamos cosa alguna si la nación toda no hubiese querido morir antes que ser esclava de Bonaparte? Al labrador y al artesano debemos principalmente nuestra libertad, nuestra vida y nuestros bienes y empleos: seamos, pues, agradecidos, poniéndonos en estado de que trabajando y siendo virtuosos, vivan gustosos y contentos.

Julián Negrete, de su Política popular (Ago - Sept. 1808).


Extraído del libre Antonio Elorza y Carmen López Alonso. Arcaísmo y modernidad. Historia 16, 1989.

Como levadura en masa

Buceando por la página de la antigua ALCD, me he encontrado este texto, que necesitaba recordar.

“¿Qué nos corresponde entonces? Corresponde pasar del plano de las ideas al de la acción. Es muy complicado buscar a gente, mucho más en el mundo real, pero, ¿qué otro medio tenemos? Si nos tomamos en serio esta opción política, ¿vamos a dejarnos achantar por un mundo reducido a un mosaico de partidos y filiales, vamos a dejar que nos acomplejen las teorías políticas dominantes, acaso pensamos que todo esto son veleidades? No lo creo para nada.”

Ésta es la primera parte de la crónica de lo que aconteció ayer en el primer encuentro entre los integrantes de la alcd en Sevilla.

Tras los prolegómenos de una mañana magnífica en Sevilla, tomo mi bicicleta y salgo a la calle, concentrado en mis sentimientos, rumbo al Horno del Porvenir donde habíamos quedado. El trayecto se hace breve y rápidamente llego al lugar acordado, a la hora fijada. Abro la puerta y encuentro en mitad del salón a Francisco, tal y como me lo imaginaba, hojeando su periódico y al tiempo levantando la vista, tratando de encontrar entre los parroquianos al joven con el que concertó la cita la tarde anterior. Gira la cabeza y me señala - ¿eres Manuel? - sonríe, me ofrece la mano y me invita a tomar sitio. Sigue la presentación de rigor - me toca a mí presentarme, como es natural -. Parece mentira, pero aquí estamos. La alcd de carne y güeso.

Nunca había pensado qué clase de impresión podría causar a un desconocido; siempre he sido un joven tímido y eso se me nota al hablar. Para más inri, estaba acalorado por la bicicleta y medio resfriao. La cosa pintaba mal, desde luego. Las palabras de Francisco encaminan la conversación y de lo particular pasamos a las motivaciones. Vamos relajándonos en nuestra charla y la presencia de los cafés y las tostadas ayuda. De las motivaciones, rápidamente, saltamos a nuestro común interés:

- Oye, ¡qué buen grupo tenemos en Internet, en la alcd! ¿Verdad? - “es magnífico”, respondo. Desde que comencé mi búsqueda en Internet, hace ahora 3 años, no había encontrado un grupo con un planteamiento tan brillante, ni que casara mejor con mis principios, ni, para mi sorpresa, una gente tan válida. Pero es un grupo humano, como todos los demás, y se tiene que ir haciendo poco a poco. Debatimos sobre los compañeros; los últimos en incorporarse y los más veteranos. Abordamos superficialmente la vida de la asociación desde sus comienzos y los retos que tenemos para el futuro.

Pero la alcd es el centro de gravedad sobre el que giran los asuntos de mayor peso de nuestra charla. Tras la mirada tranquila de este hombre menudo, bonachón y simpático, tililan esas ideas e inquietudes que se traspiran en cada una de sus letras: la democracia, el sistema de partidos, el papel de los ciudadanos, la necesidad de “bajar” de esa entelequia que es Internet al mundo real. Las palabras fluyen; me sorprende la lucidez de mi interlocutor, y me agrada la sensación de hablar de política a fondo, con alguien familiar y, al mismo tiempo, por conocer.

Una de las inquietudes que más tiempo he dedicado a enfrentar en este último mes ha sido la necesidad de atraer a más gente a la asociación. Quizás por eso, de un modo inevitable, mis argumentos giraban en torno a esa necesidad:

- Todavía faltan manos, Francisco - digo a mi compañero mientras da buena cuenta de su media tostada. Responde con un gesto dubitativo primero, y añade:

- Tampoco creo que sea cuestión de mucha más gente. Tú imagina que en el blog fuéramos 50; imagina que fuéramos 100. ¿Cómo íbamos a entendernos cuando habláramos? -. Es cierto. La posibilidad de un debate que mantenga una buena proporción entre riqueza de opiniones y enriquecimiento de los propios participantes exige un equilibrio difícil de conseguir, en número y espíritu. Me imagino tratando de entendernos los 50 en el chat… Pero la necesidad sigue estando ahí, porque no vamos a ninguna parte siendo 4 ratones coloraos. Sin embargo, bajo la reflexión de Franky hay algo más. No se trata sólo de lo que la gente puede aportar a la asociación. Es mucho más importante lo que uno viene a buscar a ella.

- ¿Y qué esperamos de todo esto? - me pregunta - Dime, ¿qué esperas tú de estas cosas? -. No creo que pueda responderse a esa pregunta ni en el tiempo de un desayuno, ni con argumentos fáciles de exponer. Pero el motivo está ahí; sin ser una razón, es un sentimiento poderoso. Esta manera de sentir y hacer política no es por la gloria, sino todo lo contrario: es un compromiso con uno mismo, una imagen de lo que somos, proyectada en el futuro, que nos hace sentirnos orgullosos de lo que vamos a hacer y lo que ya hemos hecho. Yo no puedo pensar en mí mismo, a estas alturas, afiliado a ningún partido, pero tampoco puedo imaginarme haciéndome mayor e indiferente a la política, porque la política, como dice Francisco, no es ni más ni menos que “ese tratar los asuntos de la ciudad”. Recordar esas palabras, sencillas y claras, me hace recordar una vez más la definición de Lincoln de la democracia; confrontar esta manera de expresarse con la demagogia y la pompa característica de la clase dirigente me recuerda una vez más por qué estoy aquí.

Pero es muy complicado. Uno puede tener claras sus motivaciones, puede tener una escala de valores que se mantenga en pie, tener quizás un esbozo de lo que quiere hacer con su vida, pero, ¿qué hacemos frente a la injusticia, frente a la carestía democrática de este país? Analizo el gesto de mi interlocutor, reflexivo, serio y claro. Verle a él me recuerda en ese momento “a los más viejos de la asociación”. Gente que lleva desde antes de la transición soñando con estas cosas, que ha visto pasar el tiempo y las personas, y quizás ha visto estos proyectos levantarse y hacerse trizas una y otra vez. ¿Habrá cambiado algo para ellos? ¿Albergan nuevas esperanzas, nuevos temores esta vez? Deseo que su fuerza no nos abandone nunca, porque si la oportunidad es de los jóvenes, la experiencia es toda suya, y para esta tarea, no nos sobra de ninguna de las dos.

Nuestros pensamientos se cruzan y la conversación sigue por la línea de la oportunidad que supone la alcd y la revolución que es Internet para el ciudadano y, de ahí, al mundo real: hay que empezar por lo local, y a los jóvenes nos corresponde hacer el trabajo de acercarnos a la gente y “difundir” el mensaje. El motivo es sencillo: cada uno carga con su vida, y la vida de una persona se va llenando de cosas a medida que uno crece. Yo, que lo tengo todo por hacer, que no dependo de nada ni de nadie, ciertamente ocupo un papel distinto a Francisco, una persona que tiene su propio negocio y su familia. Nunca jamás le exigiría nada a nadie en esta asociación, porque aquí estamos porque queremos. Pero no puedo evitar la intuición de que estos pensamientos connotan una sensación esporádica de desánimo. Todos tenemos un límite y este empeño es complicado; es el más difícil. No dudo de que, incluso, el fracaso sería el resultado menos doloroso, y que es posible que algunos no podamos presenciar el fruto de nuestros esfuerzos. También recuerdo las sensaciones que me han dejado algunos episodios de mi vida en la asociación - compañeros que se han marchado ofuscados, debates enquistados, incursiones de gente dañina, la desilusión y el cansancio que produce la soledad y la falta de respuesta… -.

Hablamos brevemente sobre el blog. Advierto que Franky, a pesar de su prolongado silencio en el mismo, nos sigue muy de cerca. Eso me reconforta. Propone un argumento que me parece fundamental: llega un momento en que, un pequeño grupo, alcanza un punto de acuerdo en su opinión colectiva tal que la vía del debate se va empobreciendo; de algún modo, no queda mucho por discutir, luego la conversación se puede volver redundante. ¿Qué nos corresponde entonces? Corresponde pasar del plano de las ideas al de la acción. Es muy complicado buscar a gente, mucho más en el mundo real, pero, ¿qué otro medio tenemos? Si nos tomamos en serio esta opción política, ¿vamos a dejarnos achantar por un mundo reducido a un mosaico de partidos y filiales, vamos a dejar que nos acomplejen las teorías políticas dominantes, acaso pensamos que todo esto son veleidades? No lo creo para nada.

¿Y cómo se hace eso? El diálogo. El diálogo como herramienta en manos de los ciudadanos, como medio de persuasión. ¿Cuántas veces no habré empezado hablando pacíficamente de política para acabar belicoso y mosqueado? ¿Cómo enfrentar los prejuicios de la gente? Pregunto a mi compañero:

- Tengo muchos amigos con los que hablo de política y con la mayoría me ocurre que no puedo nunca llegar a nada claro, cuando hablo con unos me toman por un izquierdista, y cuando hablo con otros, por un patriotero de derechas -. Es un argumento típico; me responde tranquilo:

- Eso es porque no formas parte de su bando -. ¿Es tan sencillo? ¿Acaso toda discusión es un ejercicio de proselitismo? Interiormente asumo que es cierto; no está ahora mismo el horno para bollos, ni las tertulias políticas para bañarse en libertad. Prosigue Franky diciendo - la gente no comprende que la grandeza está en la diversidad -. Como tantas otras veces, las palabras de mis compañeros de la alcd enlazan con las frases que mi padre me ha ido dejando desde que tengo uso de razón política. Él suele decir: “sin alternancia, no hay democracia”. Al alumno le toca, por supuesto, esforzarse por superar al maestro: “sin diversidad, no hay democracia”. Reconocer la diversidad nace y queda dentro de cada uno, así que, sin saberlo, mi propio argumento se ha vuelto contra mí: “no seas tan cómodo de dejar que los bandos y los prejuicios dominen tu diálogo. Tienes que ser más listo y más osado que todo eso. No luches contra los prejuicios de nadie; lucha contra los tuyos propios.”

Comprender la importancia de la diversidad no es un acto de tolerancia. En ese contexto, la tolerancia parece algo clasista, un gesto prepotente. Una conciencia democrática que reconoce la diversidad debe demostrarlo a través del respeto, como apostilla acertadamente Franky. La idea se va formando poco a poco en mi cabeza, todavía muy borrosa: tenemos que acercarnos a la gente y, a través del diálogo, irradiar los principios que defendemos. La idea de llegar a los sitios y marcharme limpiando el polvo de mis sandalias después de haber sido ninguneado persiste. ¿Dónde está el límite? ¿Cuándo hay que decir “basta”? Está claro que no somos los perros de Paulov; el límite lo pone la libertad de cada uno, aunque me atrevería a fijar que el respeto es el mejor indicador. Es una cuestión de confianza en uno mismo.

La conversación se dirige hacia la sociedad, la calle. Las palabras de Anna Harendt todavía resuenan en mi mente, hablando del filósofo Lessing y su persistencia por mantener el mundo que se va deshaciendo en los “tiempos de oscuridad”. ¿Qué hace falta para recuperar este microcosmos llamado España? Franky opina que en un sistema sano, la esfera de la política se vería coaccionada por la esfera palpitante de la sociedad civil. La acción de la alcd debería encaminarse a revitalizar esa sociedad civil, alcanzando foros, sindicatos, asociaciones de consumidores, religiosas, culturales, vecinales… -. El ejemplo de otros países, con sus aspectos positivos y negativos, nos puede guiar en esta empresa. ¿Cómo hacer frente a un país saturado de partidismo hasta en los poros más pequeños de su piel? Mi idea, desde un principio, siempre ha sido convocar nuevos foros de debate, como matriz donde arraigase una nueva forma de entender la política, que rebosara esos foros y llegase a todos los rincones de cada ciudad, allá donde estuviera uno de sus participantes. Tan es así, que redacté un manifiesto que sirviera para convocar esos foros; ése fue el principio de mi relación con Franky, por un lado, y con Jesús Nava por otro, hasta que finalmente me integré en la alcd. Hablamos de la necesidad de esos foros, y mi interlocutor asiente. Habla de su experiencia, de la profusión de tertulias en las que participa, y de cómo la cultura de las tertulias se ha devaluado hasta convertirse en algo más semejante a espectáculo de vanidades. Parece que la partida de los oligarcas está tan avanzada que los foros se han convertido más en un mercado de opiniones y una platea para personalidades que en un punto de encuentro entre la sociedad civil y los personajes públicos. ¿Conseguiríamos algo fomentando foros de ciudadanos anónimos, declaradamente contrarios a los planteamientos de los partidos dominantes?

Una inquietud me asalta: recuerdo el ideario de la asociación, la palabra “libre”. ¿Cómo garantizar la coherencia con nuestros principios si creamos foros para persuadir a la gente a que se una a nosotros?

- Pero, Francisco, nosotros llegamos a la alcd por nuestro propio pie. ¿No deberíamos dejar que fuera la gente la que diera el primer paso? -. Su opinión es contraria. No podemos recrearnos en la belleza de nuestras ideas, ni regocijarnos por haber llegado a nuestro oasis de libertad. Todo esto no es más que un acto de auto - satisfacción que no nos libera más que transitoriamente de nuestras inquietudes. Internet es en ocasiones engañoso, y no llega a todo el mundo, ni podemos asegurar que llegue en condiciones a la gente. Internet es un medio y todo lo que tenemos en él hay que cuidarlo como a un tesoro, pero la lucha está fuera, en el mundo real.

- Tenemos que ser “la levadura en la masa”, como los primeros cristianos. - Es una imagen que bien merece el título de este artículo, porque, como diría Gundisalvo, no se pué asé mejó.

El plan se va aclarando: tenemos todo el trabajo por hacer y el mundo nos espera. No somos nadie para entrar en la libertad de los demás, decirles lo que tienen que decir o hacer, pero tenemos la responsabilidad de contarles lo que hay, darles al menos la opción de escoger. La gente compra libros, lee y comenta en internet como si no tuvieran mayores consecuencias sus palabras ni sus opiniones. Pero aquí estamos, deseando hacer algo más que ver cómo nos roban la dignidad. Pensando como ciudadanos libres por la democracia. Preparándonos para ser la nueva “levadura en la masa”.

Va por tí, Franky.