Inmigración: Políticos descocados

A falta de unas semanas para las elecciones, los políticos andan como drogados por el solar patrio, dando bandazos de un lado a otro, no tanto por la cantidad de kilómetros que recorren al día como por el repertorio de "brillanteces" que están dando y la muestra continua de respeto al contrario, seriedad en su oficio y claridad en general, tanto en sus intenciones manifiestas como en su discurso público.


La última pistonada de la olla a presión popular ha soltado por la pesa una nube densa que ha ocupado rápidamente la "chabola electoral". Como en esto de los gustos no hay un canon, a algunos se les antoja que el potaje de los populares va bien condimentado, a otros les huele mal y a unos terceros les ha dado fatiga con sólo acercarse. Mal asunto, no porque nos demuestre una vez más que los políticos no están por ponerse de acuerdo ni en los temas esenciales, sino porque añade otro punto a favor de esa cultura política que se está imponiendo en este país de anular al contrario hasta cuando pida la hora.

Por una ocasión - y sin que sirva de precedente - el PP ha tomado la iniciativa trayendo al espacio público un asunto de debate que realmente preocupa a los ciudadanos, tal y como demuestran los últimos datos del sondeo del CIS. Analistas de diferentes ámbitos (ver [1] y [2]) coinciden en ubicar los referentes de la propuesta de "contrato" para inmigrantes en el modelo francés, pero creo que lo más interesante de la noticia es buscar, más que los antecedentes, los efectos sobre el discurso electoralista, no con el objeto de expresar una postura frente a la cuestión (para eso pueden disfrutar de la brillante argumentación de Luis Gómez), sino hacer un pequeño análisis sobre el grado de neurosis y engreimiento al que están llegando los políticos en este país.

Este recorrido comienza en Vistalegre, donde el Presidente de Gobierno y candidato a la reelección ha pedido perdón a los aludidos por la propuesta electoral. Es curiosa la reacción ante algunas palabras tabú por parte de los progresistas: desde una arrogancia farisea que contempla la vida posmoderna como un mérito propio, se sienten autorizados para consentir ciertos debates históricos negacionistas, dispuestos a relativizar la represión de los derechos humanos en ciertas civilizaciones afectas y sin lugar a dudas en una posición superior respecto a sus adversarios ideológicos; de ahí que ejerzan activamente la "tolerancia" con ellos. Sólo de ese modo puede comprenderse cómo ha calado en la sociedad la sensación de preeminencia moral del discurso progresista, base fundamental de lo que ha venido en llamarse "dictadura de la corrección política" y que, a todos los efectos, no es más que un aggiornamento de las estructuras de dominación cultural que los mismos Nietzsche y Marx criticaran en su momento, cada cual a su manera.

Veámoslo desde otra perspectiva: si tenemos en cuenta que IU en su "hoja de ruta para las elecciones" apuesta por la elaboración de un "plan estratégico de integración de los inmigrantes para una convivencia ordenada de mutuo respeto y con sujeción a derechos y obligaciones" (25 puntos para trazar una línea roja y verde; punto 23) y que el propio PSOE ya que en su programa electoral para el 2004 prometía la redacción de un "Estatuto para la integración de los inmigrantes" (Programa Electoral '04. Página 124), ¿resulta molesta la propuesta por inoportuna, por impertinente; resulta repulsiva por el fondo, por la forma? ¿Pero estamos juzgando la propuesta o a quien la propone? En cualquier caso, aceptando que la distancia ideológica entre unos y otros es insalvable, asumiendo que la inmigración es un tema que se presta a la polémica y que arrastramos una legislatura ruda, ¿de dónde procede la autoridad moral del presidente para evaluar que tiene que pedir perdón a nadie y de paso soltar una guantá sin manos a su adversario?

Por un lado, al Presidente le desautorizan sus propias determinaciones: Él mismo ha supeditado la verdad a la búsqueda de una paz consistente en la ausencia de víctimas, luego si las leyes que propone el PP sirven para que no haya más víctimas en el Estrecho, entonces no debería pedir perdón.

Por otro lado, debilita su postura el proceso de convergencia institucional que los países europeos están protagonizando en materia de movimientos migratorios y, muy a su pesar, el hecho de que ninguno de los puntos que incluye la propuesta de contrato va contra la Convención Internacional de la ONU (me remito a los artículos 8.1, 13.3, 22.2 y 34) ni contra el artículo 13 de la Constitución, en el cual se garantizan para los inmigrantes las libertades públicas de su Título Primero en los términos que establezca la Ley.

Cabe preguntarse entonces, vistos los antecedentes, qué mecanismo permite que una oposición ideológica comprensible, respetable y necesaria se convierta en argumento suficiente como para articular la reprobación pública subyacente en el gesto del Presidente. Debe ser un mecanismo asumido por una porción significativa de la población, no porque los correligionarios de Zapatero hayan bramado contra el PP llamándole lo mismo de siempre - lo que era de esperar -, sino porque el propio Partido Popular ha cambiado el tono de su discurso, pasando de hacer pedagogía a criticar a quienes le han criticado, renunciando a debatir sus ideas y entrando en un debate cargado de prejuicios y arquetipos ideológicos donde cualquier buen oficio e intención acaba varado.


A lo largo de la legislatura, se ha criticado a la oposición por no mantener una postura coherente. De un lado, el gobierno y sus adláteres han criticado su falta de adhesión, tachándolos de "poco demócratas" (dando por supuesto que ellos si están más cerca de la democracia); de otro lado, se ha criticado su falta de dureza y, al mismo tiempo, el contubernio con supuestas figuras mediáticas que pretendían polarizarlo ideológicamente. La impresión que tengo del PP es la de un partido de paso corto, conservador en sus principios y sus modos, incapaz de hacer frente a la estrategia mediática del PSOE porque no cabe en sus esquemas mentales, que sólo por sus poros más "cañís" ha dejado escapar "la esencia del torito bravo" que tanto coraje da y tan malos resultados electorales cosecha. En esta ocasión y hasta ayer, había contrapuesto la serenidad y el buen oficio político a la canallesca y la palabrería huera y por un momento llegué a ilusionarme, pensando que a una propuesta con la que discrepaba se iban a suceder naturalmente las de los demás partidos, fomentando una competencia real por el voto, pero no ha sido así. Nuevamente, el buen trabajo de oficina se ha visto reducido a nada por un mal trabajo de comunicación.

Aciertan, en mi opinión, los del diario Público al hacer un análisis sobre las convicciones que connota la propuesta de los populares. También hacen bien al complementar este aluvión de información con la opinión de los implicados: al menos en dos periódicos se les ha preguntado (La Vanguardia y El Mundo) y parece que la opinión general es contraria a la propuesta. Abundar en esta línea resulta enriquecedor para el debate, porque, no lo olvidemos, la vida sigue después del 9 de Marzo, e independientemente de lo que se esté diciendo ahora, la inmigración es un tema trascendental de cara al futuro.

Pero no habrá tal debate: Los políticos están descocados, ciegos en su campaña. Tienen un cheque cargado de millones y un equipo de asesores echando humo por las orejas. Hacen cientos de kilómetros, viven en tensión constante entre mítines y entrevistas, forzando la sonrisa y manteniendo el porte. ¿Cuántas tazas de café? ¿Cuántos cigarros son necesarios? Es imposible mantenerse mentalmente en equilibrio a ese ritmo. No da tiempo a razonar, a asimilar todo lo que está ocurriendo. Cada mañana, junto a los churros, una nueva encuesta, décimas arriba y abajo y un intervalo de confianza. Estos esclavos del electorado se sacrifican porque, mediante autosugestión, han llegado a asumir que son los mejor preparados para gobernar los designios de este país. Van desgranando sus propuestas, buscando el efecto y dejando para más adelante el contenido. Corren vertiginosamente en dirección contraria a la realidad, pero todo está bien, porque unos hacen palmas con las orejas y otros abuchean, pero nadie se para a preguntarse qué es lo que están diciendo.

Ayer, el PP cometió la torpeza de llamar a la cosa "contrato". Pues bien, dice la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares en su art. 20:

    1. Ningún trabajador migratorio o familiar suyo será encarcelado por el solo hecho de no cumplir una obligación contractual.

    2. Ningún trabajador migratorio o familiar suyo será privado de su autorización de residencia o permiso de trabajo ni expulsado por el solo hecho de no cumplir una obligación emanada de un contrato de trabajo, a menos que el cumplimiento de esa obligación constituya condición necesaria para dicha autorización o permiso.
Y luego, en el 31:
    1. Los Estados Partes velarán porque se respete la identidad cultural de los trabajadores migratorios y de sus familiares y no impedirán que éstos mantengan vínculos culturales con sus Estados de origen.

    2. Los Estados Partes podrán tomar las medidas apropiadas para ayudar y alentar los esfuerzos a este respecto.
Fin de la polémica. Todo lo demás son interpretaciones y juicios interesados.

Al margen, cuestionándonos, el fenómeno de la inmigración: el espejo donde debe mirarse España, a pesar de los políticos.

4 comentarios:

  1. Butzer Says:

    Un post muy completo Manuel Lissén. No sé que desayunas por las mañana pero yo quiero de lo mismo.
    La capacidad de nuestros políticos para tratar los temas con la seriedad que se merecen es tan escasa que uno no puede sino preguntarse como es posible que las cosas sigan así.
    Lo más enriquecedor -como bien dices- hubiese sido un debate de ideas, una confrontación de propuestas o una comparación.
    Pero aquí la única confrontación es la de actitudes, la de posturas y la de poderes fácticos.
    Un abrazo.

    Otra oportunidad perdida por todos.

    Posted on 12 de febrero de 2008, 21:57  

    manuel lissén Says:

    Encantado de volver a verte, butzer. Espero que te estés recuperando bien del "trance" académico (a mí todavía me queda uno).

    ¿La receta? Bien sencilla: café y dos madalenas. El resto lo conoces: las gafas limpias de prejuicios y el ratón reventao de hacer "clic".

    Estoy de acuerdo en lo que dices. Sobre la propuesta del PP, el mejor comentario que he escuchado ha sido: "Hombre, es que lo que han propuesto lo piensa todo el mundo, pero no puedes decirlo en voz alta porque así sólo pierdes votos". Dicho por un votante anti - Rajoy. Con comentarios como éste, me entran ganas de meterme en sociología sólo para comprender los mecanismos mentales y sociales que nos han llevao a asumir arquetipos como el del progre feliz y, por otra parte, cómo es posible que el PP siga sin corregir su problema de comunicación.

    En fin. Será que aquí la política se vive de otra manera. Asco de país.

    PD: Creo que tu concursante favorita acabó ganando su concurso, ¿no?

    Posted on 12 de febrero de 2008, 23:42  

    Butzer Says:

    Pues nada, mucha suerte en el que te queda. Aunque estoy seguro que no tendrás ningún problema.
    Si, ganó el programa. Veo que estás al tanto de todo...xd. Espero que el dinero del premio le permita poder mejorar en algo su vida, a pesar de que esa sonrisa poco pueda hablarnos de lo mal que lo habrá pasado.
    A todo esto, tu penúltimo párrafo no sé por qué me recuerda al último libro de Sánchez Dragó...xd
    Un saludo.

    Posted on 13 de febrero de 2008, 0:04  

    manuel lissén Says:

    La chiquilla esta... pues fue casualidad, de estas veces que pasas por la puerta de la salita, pero en cuanto vi su cara me quedé a ver que pasaba, como buen marujo. Ya ves: No sólo de Internet vive el hombre!! :)

    Drago... pues, no me creas, pero nunca he leído un libro ni he visto un programa suyo por la tele. Así que recuerde, lo único que le he escuchao es una entrevista a Antonio Gª Trevijano... ¿dice mucho lo de "asco de país"? La verdad es que, viendo cómo se trata a gente como María San Gil, no hay más remedio.

    A Dragó y a G. Albiac los tengo en la "recámara" todavía, pero les tengo ganas. Ahora estoy con un libro de F. Sabater... dios, me estoy volviendo un facha asquerozo!

    Me voy a la cama!

    Posted on 13 de febrero de 2008, 1:10